miércoles, 29 de octubre de 2014

LOS REYES TAUMATURGOS

Tomo prestado para este texto el título del libro de Marc Bloch, que hace tiempo me recomendó Luis Benito García, profesor de la Universidad de Oviedo. Y lo hago porque viendo las imágenes de la visita de los Reyes a Boal, con motivo de la concesión del Premio a “Pueblo Ejemplar”, fue lo primero que me vino a la mente al ver a las madres y padres acercar sus retoños a don Felipe y doña Letizia para que los acariciaran, besaran e incluso tomaran en el regazo. En “Los reyes taumaturgos”, el historiador francés analiza el poder curativo que se atribuía a los reyes en la Edad Media, y especialmente, estudia el caso de los monarcas franceses e ingleses a los que se creía capaces de curar la enfermedad con la simple imposición de manos. Describe como las crónicas de la época documentan cientos de curaciones y testimonian, sobre todo, la fe que los humildes vasallos tenían en esa figura dotada de poder real y terrenal, pero especialmente vinculada al poder espiritual, lo que le confería esas virtudes milagrosas.
La estancia de los reyes en Boal tuvo mucho de encuentro taumatúrgico. Los boalenses y sus allegados festejaron por todo lo alto la distinción, que supone un reconocimiento muy importante a la larga lista de méritos de los que tanto se ha hablado. Vieron de cerca, fotografiaron, tocaron a los reyes, quienes se dejaron agasajar, conscientes como son de la importancia de lograr la plena identificación con los ciudadanos. El gesto de doña Letizia mojando sus manos en el agua del lavadero, es de los que dejan huella en la memoria colectiva del pueblo, lo que ella sabe como buena periodista y comunicadora que fue (y seguro sigue siendo). En varias ocasiones, tanto el rey como la reina “rompieron el protocolo” para saludar, besar, tocar y ser tocados. Lógicamente, es éste un “imprevisto” previsto, pues en un acto como el del Pueblo Ejemplar, lo fundamental es el encuentro con el pueblo. Lo mismo se ha vivido en ediciones anteriores y en todas ellas, se alcanzan similares cotas de alegría y exaltación popular, pues a la satisfacción lógica de los vecinos por el galardón recibido, se une la emoción de sentir tan cerca a la pareja de personajes reales, a los que habitualmente sólo se ve a través de la pantalla de la televisión o las páginas de los periódicos y revistas.
La visita de los reyes a Asturias recuerda, un poco, a las que hacían los antiguos monarcas a las plazas y ciudades en las que tenían reino y en las que ejercían su poder curativo. Lógicamente, las formas han cambiado, el ceremonial es más sencillo y el contacto, más directo. Vivimos la visita con mucha alegría pero con cierta perplejidad, pues los ciudadanos de hoy somos mucho más escépticos y sabemos que las enfermedades sólo las curan los médicos. El rey, en la emotiva ceremonia de la entrega de los Premios, hizo de nuevo un llamamiento a la necesidad de regenerar los valores democráticos, apelando a la ética como necesaria meta a alcanzar entre todos. Don Felipe está logrando comunicar bien y de forma positiva. Su gesto es de cercanía, su cara es amable, sus ojos tienen una expresión risueña. Transmite cariño y especialmente cuando está en Asturias, se le nota una especial expresión de felicidad, lo que se convierte en un valor extraordinario para la Fundación, para el Principado y por supuesto, para el estado español. Se le está empezando a llamar Felipe, “El Decente” y la difícil meta que entre todos le estamos marcando (que efectivamente, lo sea), necesita de un intenso esfuerzo y sobre todo, ejercicio de mantenimiento. Habrá quien piense, que estas valoraciones sólo tendrán sentido dentro de unos cuantos años, cuando el paso del tiempo ponga a cada persona en su sitio, como acaba haciendo siempre. Otros, creemos ver en el rey el atisbo de lo que va a ser una jefatura firme y rigurosa, a la vez que entrañable y cercana.
En la difícil situación que nos está tocando vivir, sometidos como estamos a constantes retos, nuestra relación como pueblo con el Jefe del Estado, está cambiando y creo que adquiriendo ciertos rasgos de “trabajo en equipo” que no se puede desdeñar. El mensaje no responde sólo a una estrategia diseñada desde la Casa Real, sino que tiene un componente de reciprocidad indudable. El rey representa al Estado y desempeña una serie de funciones reconocidas en la Constitución. Una no escrita, pero la más importante, es la se ser reconocido y querido por los ciudadanos, con los que está intentando alcanzar el alto grado de identificación, indipensable en la construcción de ese futuro común. En el pasado, los reyes medievales “curaban” a sus vasallos de las terribles enfermedades que ocasionaban llagas y purulencias. Mucho han cambiado las cosas desde entonces, tanto, que el poder taumatúrgico ha cambiado de manos y en la actualidad, son ellos, los monarcas, quienes necesitan recibir el poder sanador de las nuestras.

lunes, 21 de julio de 2014

EL VERSALLES ASTURIANO, EN CUDILLERO

Nuestro Principado presume de naturaleza, paisaje y gastronomía y además, cuenta con un importante patrimonio histórico artístico, capaz de ofrecer un plan distinto para cada día de verano. Un buen ejemplo es la “Quinta de Selgas”, en el pueblo de El Pito (Cudillero), construída por los hermanos Fortunato y Ezequiel Selgas, quienes conjugaron de forma maestra las que fueron sus dos grandes pasiones: las finanzas y negocios, en el caso de Ezequiel, y el arte, en el caso de Fortunato. El resultado fue un precioso conjunto arquitectónico, artístico y paisajístico, que no sólo engloba la quinta, sino también otras construcciones, como la Iglesia de Jesús Nazareno, la Casa Rectoral, las Escuelas, la Casa Cuartel de la Guardia Civil y las Escuelas, cuyo edificio se conserva en perfecto estado y aún con fines educativos.
¿Qué impulsa a dos burgueses enriquecidos, de procedencia rural, a crear este importante conjunto en su pueblo natal, el Pito?. A partir de unos terrenos heredados de sus padres, fueron añadiendo otros adquiridos con sus ganancias. Fortunato era además de empresario, historiador, escritor y gran aficionado a la historia del arte. En aquella época, los miembros de esa clase social necesitaban dotar a sus viviendas de un conjunto de obras de arte (escultura, tapices, pintura, orfebrería), que, de alguna manera, “maquillara” su reciente incorporación a la clase alta. Por eso, era frecuente que compraran en subastas especializadas que se celebraban en Madrid, importantes colecciones, parte de las cuales se pueden ver hoy en la exposición permanente del palacio, como este "Retrato de Dama", del siglo XVII.
Los jardines son impresionantes: el francés, que adorna la entrada principal del edificio, y se caracteriza por un estilo geómetrico; el italiano, que cede todo el protagonismo a la fuente central, adornada con preciosos nenúfares y especialmente, el inglés, que brota en un estilo aparentemente libre y desenfadado, incluso apto para nuestras xanas asturianas...
Especialmente, me ha encantado el museo dedicado al material escolar que se utilizaba en las Escuelas, construídas y patrocinadas por los hermanos. Los viejos mapas del mundo, manuales de gramática, pupitres y útiles de escritura, hacen rememorar a los mayores tiempos que parecen muy lejanos, pero que no lo son tanto. Yo escuchaba a los abuelos explicar a sus nietos la utilidad y funcionamiento de muchos de los instrumentos, y me parecían momentos muy emotivos y especiales.
La fundación Selgas Fajalde http://www.selgas-fagalde.com/ es la responsable de velar por todo este patrimonio; en su página se puede encontrar información muy detallada sobre las numerosas obras de arte que se pueden ver. Sobre todo, quisiera destacar la amabilidad y profesionalidad de todos los encargados de la atención al público, que en todo momento se muestran solícitos y encantadores. El espacio lo merece.

jueves, 26 de junio de 2014

Ana Mª y Mª Teresa

Ayer me dirigía a la presentación de un libro de Mª Teresa Álvarez en el "Nuevo Ayala" de Oviedo, cuando escuché en la radio la noticia de la muerte de Ana Mª Matute. Como me ocurre siempre, me sentí un poco triste y recordé todos esos títulos maravillosos que fui leyendo desde que, en el instituto, mi profesor de Literatura de 2º de BUP nos habló de Ana Mª Matute y su “Pequeño teatro”, que había alumbrado con tan sólo 17 años, lo que a mí me maravillaba, pues yo tenía sólo dos menos.
De todas sus obras, recuerdo dos con un cariño especial: La primera es“Olvidado Rey Gudú”, con su interminable lista de personajes y escenarios fantásticos, que tan bien reflejan el bien y el mal que nos rodean cada día. La segunda lleva como título “Paraíso inhabitado”, y de ella me quedó sobre todo el recuerdo de una casa muy grande, una niña muy solitaria y el valor de los libros y la fantasía como alimentos de nuestra existencia.
Leyendo los artículos que salen hoy en la prensa, me entero que en septiembre se publica lo que será su obra póstuma, “Demonios familiares”, y me siento admirada del valor de una mujer que, a sus 88 años y después de una vida intensa y en algunos momentos, trágica, seguía teniendo la fuerza suficiente para escribir, con todo el esfuerzo que ese oficio conlleva. De todas las imágenes que pude encontrar, me gusta esta foto, que refleja este estilo de belleza intelectual que tan de moda estaba en los años sesenta y setenta.
Mª Teresa Álvarez tiene poco que ver con Ana Mª Matute, pero sus obras también ocupan un lugar destacado en mi biblioteca personal. Ayer, en el café del “Nuevo Ayala”, nos contaba que, a raíz de su serie para televisión española “Mujeres en la Historia”, descubrió la importancia de reivindicar la figura de numerosos personajes históricos de sexo femenino.
Desde Catalina de Lancaster, primera princesa de Asturias, hasta Margarita de Parma, hija bastarda de Carlos V (que llegó a ser gobernadora de los Países Bajos), pasando por figuras tan diversas como “Isabel II”, “La comunera de Castilla” o “La Infanta Paz de Borbón”. Periodista de profesión, Mª Teresa escribe muy bien y lo hace con un gran rigor histórico, documentándose profusamente para cada una de sus obras.
Terminado el acto y de regreso a mi casa, pensaba que soy una persona muy afortunada, pues me inculcaron la afición a la lectura desde niña, nunca me faltaron libros qué leer a mi alrededor y, desde siempre, tuve la oportunidad de disfrutar de momentos maravillosos, gracias al ingenio y duro trabajo de escritoras como Ana Mª y Mª Teresa.

lunes, 23 de junio de 2014

Felipe VI

Un jefe de Estado leal y dispuesto a escuchar, un nuevo rey que apuesta por la innovación y las nuevas tecnologías, que destaca su presencia generacional sin olvidar el homenaje a su padre y maestros y, sobre todo, que apela a la diversidad nacional como motor de la unión del estado. Felipe VI ha sido proclamado como rey y su presencia y palabras, han servido de catalizador de los nuevos impulsos, estilos y maneras que deben caracterizar al siglo XXI. Desde el pasado 2 de junio, se han celebrado varios episodios de un acto trascendental en la vida de Felipe de Borbón y Grecia, e importante para el resto de los españoles. Un acto con un marcado carácter constitucional, en el que se ha apostado por la sobriedad y sencillez (como no podía ser menos, en las actuales circunstancias), y que utilizando gestos de connotación sentimental y familiar (besos y abrazos entre los diferentes integrantes), ha tenido en ese paseo en coche descubierto por las calles principales de Madrid, uno de sus momentos más importantes, por lo que tiene de expresión de confianza y voluntad de acercarse al pueblo.
La presencia de las dos niñas, Leonor, princesa de Asturias y Sofía, infanta de España, soportando estoicamente los actos protocolarios, aportó el gesto exacto de frescura y naturalidad, tan importante para equilibrar la rigidez del protocolo. Era indeludible su participación, pues el nacimiento de la que hoy es princesa de Asturias, garantizó el principio básico e imprescindible para la institución monárquica: la continuidad y garantía de permanencia en el futuro.
Los que hoy estamos en la mitad de nuestra vida y en teoría, en plena explotación de nuestras habilidades personales y competencias profesionales, podemos encontrar en el actual rey un referente de prudencia, preparación y equilibrio, pero también, y sobre todo, de una visión pragmática de la vida y la sociedad actual. Tras los actos protocolarios de estos días, le espera un reto difícil y motivador: conseguir que, de nuevo, los ciudadanos confíen en la institución de la Corona, que además de ser la más alta magistratura del Estado, es depositaria de una parte muy importante de la imagen que nos va a representar por el mundo (como hasta ahora hizo su padre, el rey Juan Carlos I).
Las autoridades no son las únicas responsables sino que, entre todos, podemos conseguir pequeños cambios que, de nuevo, nos devuelvan ese ánimo e ilusión con el que nuestros padres y abuelos, vieron asomarse al balcón del Palacio de Oriente el 27 de noviembre de 1975 a Juan Carlos I. Ese sentimiento impregnó la calle, la empresa, las oficinas, la Universidad... y encontró en la intensa labor política e institucional llevada a cabo por nuestros representantes (con el rey a la cabeza) el motor de arrastre adecuado. Ese día, Juan Carlos estuvo acompañado por su familia, bajo la atenta mirada de un niño que, 39 años después, protagonizó el momento más importante de su vida en compañía de sus hijas.
Como los millones de niños y niñas españoles, cuya mirada y presencia, debe constituír para sus padres no sólo garantía de continuidad sino, sobre todo, el motor de arranque para esa locomotora que se fue desacelerando estos últimos años.

viernes, 6 de junio de 2014

JUAN CARLOS, EL REY DE UN PUEBLO

Estos días tan intensos en noticias referidas a la Jefatura del Estado, en los que los medios de comunicación publican o emiten sin cesar cientos de informaciones sobre la Casa Real y sus representantes, no puedo resistir la tentación de recordar algunas de las lecturas que me ayudaron a tener una determinada visión sobre la Corona y, especialmente, sobre el rey Juan Carlos. La primera lectura a la que me voy a referir es la biografía que el historiador británico Paul Preston, publicó en 2003 sobre el rey. La tituló “Juan Carlos, el rey de un pueblo”, expresión que, a mi entender, transmite con muy pocas palabras el rasgo que mejor define al monarca. El libro tiene 654 páginas y está ilustrado con una interesante selección de imágenes referidas a su persona, desde la infancia hasta la madurez. Describe su vida familiar en Estoril, el traslado a España, los duros años vividos a la sombra de Franco, la proclamación como Rey y la intensidad de su vida como jefe del estado español, en la que destaca su esfuerzo conciliador y especialmente, el importante papel como relaciones públicas de lo que hoy conocemos como “Marca España”.
El libro está plagado de historias y anécdotas interesantes, que refuerzan esa impresión que tenemos de don Juan Carlos, como una persona simpática y entrañable, con gran capacidad comunicativa y una memoria (dicen que “sello de los Borbones”), que le permite recordar las mil y un caras que ha conocido a lo largo de su vida. Pero también llama la atención sobre la tendencia a una excesiva campechanía, que le hizo en alguna ocasión mostrar parcelas de su intimidad, que no gustaron nada a altos cargos de la Casa (el historiador se refiere, en este caso, a una entrevista realizada por la periodista británica Selina Scott, quien obtuvo las imágenes más desenfadadas del Rey).
Especialmente, me impresionó el relato de su infancia y, sobre todo, la dura descripción que Paul Preston hace de su llegada a España, cuando siendo un niño de 10 años, es “negociada” su educación en nuestro país para crecer a la sombra de Franco. Don Juan conseguía una representación en el reino del que estaba exiliado, y el dictador se acercaba a los monárquicos. Juanito, que era como entonces le llamaban, fue recibido en la estación de tren por un grupo de señores mayores, muy serios y austeros, que le acompañaron a conocer al general. Muchos años después, en una entrevista concedida a José Luis de Villalonga, el rey recordaba la presencia de ratones merodeando por los salones del Pardo...
Se trata de un libro muy interesante y recomendable al 100%, en estos días en los que tanto se publica sobre Juan Carlos, su papel como rey y la huella que va a dejar en la Historia. “Todo está en los libros” y gracias a la lectura, podremos opinar con mejor criterio.

sábado, 22 de febrero de 2014

MONUMENTS MAN Y EL RETABLO DE GANTE

Hoy ha sido uno de esos días en los que, de repente, tomo conciencia de los cambios tan intensos que se han producido en nuestra vida en los últimos años, a causa de Internet y la revolución teconológica. Me sucede cuando recupero algún libro leído hace tiempo, visito un museo o, de repente, oigo una canción que hacía tiempo que no escuchaba.
Gracias a “The Monuments Men” hoy ha sido uno de esos días. La película, dirigida y protagonizada por George Clooney, cuenta la historia de un grupo de especialistas a los que el gobierno de EEUU, cuando ya estaba muy avanzada la Segunda Guerra Mundial, encarga la recuperación y custodia de la cantidad ingente de obras de arte que los nazis expoliaban a medida que Hitler avanzaba en su expansión territorial. Una película llena de tópicos (americanos muy listos, simpáticos y alemanes malos, muy malos... y un poco tontos) pero tierna, entretenida y emocionante para los que tenemos sensibilidad hacia la Historia del Arte.
Cuando en la pantalla fueron apareciendo el “Retablo de Gante” (o “Retablo del Cordero Místico”, como estudiábamos en la facultad), la Dama del Armiño, de Leonardo, o la “Virgen con Niño” (Madonna de Brujas), de Miguel Ángel, sentí muchas impresiones. Recordé unas láminas pequeñitas, tipo cromos, que compraba para poder estudiar en casa las obras de arte más importantes, cuando estudiaba en el instituto y vivía con mis abuelos. Recordé también la “Summa Artis”, que ya entonces era una colección muy antigua pero que seguía ocupando un lugar destacado en la biblioteca pública (incluso, costaba trabajo acceder al tomo deseado).
Y sobre todo, me acordé de mis preciosas colecciones de libros de Historia de la Pintora española, del Arte español, del Arte Universal, que a pesar de ocupar un lugar destacado (y amplio) de mi biblioteca, la verdad es que en estos últimos años, apenas fueron abiertas. La Historia del Arte Universal, la Historia del Arte español y la Historia de la Pintura española fueron editadas por Planeta en los primeros años de la década de los noventa. Las pagué con mis primeros sueldos y el sacrificio que conllevaba este gasto era compensado por el orgullo de ir teniendo mi propia colección de libros de arte y pensar que los tenía tan al alcance de la mano, que !nunca más necesitaría esperar largas colas en la biblioteca pública! (y eso que yo misma trabajaba en una biblioteca). No han pasado muchos años pero... quien me iba a decir que, a golpe de click, iba a tener en mi propia casa todas las obras de Leonardo, Miguel Ángel, Durero, Rodin... con sus estudios, valoraciones, críticas, el museo en el que se encuentran... Mientras escribo este texto, voy consultando los datos e imágenes y agradezco, una vez más, las infinitas posibilidades que ofrece Internet y tan usada como vilipendiada Wikipedia. Sin embargo, no resisto la tentación. Me voy a mi salita, me acerco a la estantería, escojo el tomo adecuado, abro el libro y veo la imagen. Casi igualita a la que aparece en Internet, pero un pequeño matiz la hace diferente: ese olor a papel, que me hace retroceder a la salita de mis abuelos en cuya mesa hacía los deberes, a la vieja biblioteca pública de Oviedo que estaba en el Palacio de Toreno y a la biblioteca en la que transcurrieron los primeros 14 años de mi vida profesional.
Así que... seguiré comprando libros, me ilusionaré pensando en la nueva estantería que voy a encargar y, sobre todo, me esforzaré por recordar que, por muy cómodas y rápidas que sean las nuevas tecnologías, no se pueden comparar con un buen libro y el olor inconfundible del papel.