sábado, 22 de febrero de 2014

MONUMENTS MAN Y EL RETABLO DE GANTE

Hoy ha sido uno de esos días en los que, de repente, tomo conciencia de los cambios tan intensos que se han producido en nuestra vida en los últimos años, a causa de Internet y la revolución teconológica. Me sucede cuando recupero algún libro leído hace tiempo, visito un museo o, de repente, oigo una canción que hacía tiempo que no escuchaba.
Gracias a “The Monuments Men” hoy ha sido uno de esos días. La película, dirigida y protagonizada por George Clooney, cuenta la historia de un grupo de especialistas a los que el gobierno de EEUU, cuando ya estaba muy avanzada la Segunda Guerra Mundial, encarga la recuperación y custodia de la cantidad ingente de obras de arte que los nazis expoliaban a medida que Hitler avanzaba en su expansión territorial. Una película llena de tópicos (americanos muy listos, simpáticos y alemanes malos, muy malos... y un poco tontos) pero tierna, entretenida y emocionante para los que tenemos sensibilidad hacia la Historia del Arte.
Cuando en la pantalla fueron apareciendo el “Retablo de Gante” (o “Retablo del Cordero Místico”, como estudiábamos en la facultad), la Dama del Armiño, de Leonardo, o la “Virgen con Niño” (Madonna de Brujas), de Miguel Ángel, sentí muchas impresiones. Recordé unas láminas pequeñitas, tipo cromos, que compraba para poder estudiar en casa las obras de arte más importantes, cuando estudiaba en el instituto y vivía con mis abuelos. Recordé también la “Summa Artis”, que ya entonces era una colección muy antigua pero que seguía ocupando un lugar destacado en la biblioteca pública (incluso, costaba trabajo acceder al tomo deseado).
Y sobre todo, me acordé de mis preciosas colecciones de libros de Historia de la Pintora española, del Arte español, del Arte Universal, que a pesar de ocupar un lugar destacado (y amplio) de mi biblioteca, la verdad es que en estos últimos años, apenas fueron abiertas. La Historia del Arte Universal, la Historia del Arte español y la Historia de la Pintura española fueron editadas por Planeta en los primeros años de la década de los noventa. Las pagué con mis primeros sueldos y el sacrificio que conllevaba este gasto era compensado por el orgullo de ir teniendo mi propia colección de libros de arte y pensar que los tenía tan al alcance de la mano, que !nunca más necesitaría esperar largas colas en la biblioteca pública! (y eso que yo misma trabajaba en una biblioteca). No han pasado muchos años pero... quien me iba a decir que, a golpe de click, iba a tener en mi propia casa todas las obras de Leonardo, Miguel Ángel, Durero, Rodin... con sus estudios, valoraciones, críticas, el museo en el que se encuentran... Mientras escribo este texto, voy consultando los datos e imágenes y agradezco, una vez más, las infinitas posibilidades que ofrece Internet y tan usada como vilipendiada Wikipedia. Sin embargo, no resisto la tentación. Me voy a mi salita, me acerco a la estantería, escojo el tomo adecuado, abro el libro y veo la imagen. Casi igualita a la que aparece en Internet, pero un pequeño matiz la hace diferente: ese olor a papel, que me hace retroceder a la salita de mis abuelos en cuya mesa hacía los deberes, a la vieja biblioteca pública de Oviedo que estaba en el Palacio de Toreno y a la biblioteca en la que transcurrieron los primeros 14 años de mi vida profesional.
Así que... seguiré comprando libros, me ilusionaré pensando en la nueva estantería que voy a encargar y, sobre todo, me esforzaré por recordar que, por muy cómodas y rápidas que sean las nuevas tecnologías, no se pueden comparar con un buen libro y el olor inconfundible del papel.

1 comentario:

Fernando Rodríguez dijo...

Que cerca esta la felicidad cuando disfrutas de lo que tienes.
http://fernanfotos.blogspot.com.es/