viernes, 27 de septiembre de 2013

El Gran Ducado de Luxemburgo

Esta semana se ha casado Felix, uno de los hijos de los Grandes Duques de Luxemburgo.
El evento nos sirve de disculpa para comentar, en líneas generales, algunas cuestiones protocolarias referidas al Gran Ducado, cuya simple mención, ya resulta peculiar. Luxemburgo es un pequeño estado de Europa occidental (tan sólo tiene 2.586 km cuadrados), que fue convertido en ducado por los emperadores germánicos en el siglo XIV. Su historia está muy ligada a la española, pues al ser incorporado en 1441 al estado borgoñón, permaneció bajo administración española hasta 1714, cuando fue cedido a la línea austríaca de la dinastía de Luxemburgo. En el siglo XIX, por fín, logró la independencia.
El jefe de estado de este pequeño, pero rico y desarrollado país, es el Gran Duque. La forma política que lo rige es una monarquía constitucional, en la que (a diferencia, por ejemplo, de la española) el poder ejecutivo recae sobre el Gran Duque y un gabinete formado por varios ministros (a su vez, dirigidos por un Primer Ministro).
El Gran Duque es, como antes señalamos, el jefe del estado de Luxemburgo. Tiene tratamiento de “Alteza Real” y no de Majestad, pues a pesar de ser soberano, lo es de un gran ducado. Sin embargo, es también “Príncipe de Nassau y “Borbón-Parma”, por lo que a la hora de mencionarlo, se señala primero su condición de Gran Duque a la de Príncipe. El actual Gran Duque es Enrique de Luxemburgo, casado con María Teresa, de ascendencia española a través de sus orígenes cubanos.
!Por cierto!, Enrique sucedió a su padre, Juan, en la jefatura del Estado, en el año 2000... y no a causa del fallecimiento de éste (que nació en 1921 y aún sigue vivo), sino por su abdicación. No olvidemos que ésta es una práctica más habitual en las monarquías centroeuropeas que en la española.
Los símbolos oficiales (escudo, bandera e himno), fueron regulados por un “memorial” publicado en 1993. El escudo tiene tres versiones (armas pequeñas, medianas y grandes), que tienen como elemento esencial, un único campo burelado de plata y azur de diez unidades, un león de gules, armado, lampasado y coronado de oro y de cola horquillada. Además, aparece timbrado con una corona de Gran Duque (es como una corona real, pero sin forrar).
La bandera es muy parecida a la de los Países Bajos; se compone de tres franjas horizontales del mismo tamaño, de color rojo, blanco y celeste. Estos colores comenzaron a ser utilizados entre 1845 y 1848, probablemente porque son los mismos que aparecen en las armas de los duques.
En cuanto al himno, a diferencia del nuestro, tiene título: “Nuestra Patria”. La letra fue escrita en 1859 y la música, compuesta en 1864. Al ser tres los principales idiomas del Gran Ducado, existen tres versiones del himno, en luxemburgués, francés y alemán. En la página web de la embajada de Luxemburgo en Madrid madrid.mae.lu/‎, tenemos una interesante información sobre la cultura, economía, política... de este pequeño estado. Una última curiosidad, relacionada con el protocolo y la etiqueta. La Gran Duquesa María Teresa, es una de las pocas soberanas reinantes que luce vestimenta y mantilla, de color blanco, ante Su Santidad el Papa. ¿Por ser soberana católica? Su suegra, Josefina Carlota, también la lucía en ceremonias solemnes, como la investidura del papa Juan Pablo II. Pero ésa es otra historia...
http://www.hola.com/realeza/casa_luxemburgo/2013092167117/boda-religiosa-felix-luxemburgo-claire-lademacher/

viernes, 20 de septiembre de 2013

¿Es Protocolo Empresarial?

El protocolo ha estado vinculado, tradicionalmente, con las instituciones del Estado, por lo que deriva de la costumbre y la tradición y se regula mediante unas normas legales. Además, existe un protocolo para cada ámbito de la sociedad, de forma que la Universidad, la Iglesia, el Ejército, el mundo del Deporte... tienen su propio protocolo.
En todo este entramado, existe un sector que se caracteriza por el dinamismo, la rapidez en su evolución, el protagonismo absoluto en la economía y, sobre todo, la capacidad emergente y de adaptación a los cambios: es el mundo de la empresa, que al igual que las instituciones del Estado y el resto de sectores antes citados también necesita la aplicación de un protocolo. En el caso de grandes empresas, de dimensión nacional, europea e incluso internacional, entendemos bien su sentido, pero ¿por qué lo debemos aplicar en la pequeña y mediana empresa? Don Felio Vilarrubias, patriarca del protocolo en España y pionero en su integración en los estudios universitarios, considera que una de las proridades absolutas del protocolo es “trabajar bien la organización de actos” y hace tiempo que insistió en la importancia de aplicar el protocolo en la empresa; la escuela surgida tras su magisterio, defiende que los actos comuniquen una idea, un proyecto, un programa... pues “un acto que no comunica, no existe”.
Partiendo de estas premisas, se pueden recordar algunos tipos de actos o secuencias que se viven en la empresa y comentar en qué medida se puede aplicar un protocolo en ellos. A nivel interno, ejemplos de actos protocolarios, pueden ser:
Toma de posesión de cargos: Tomando como referencia al protocolo institucional, se puede organizar una sencilla ceremonia en la sala de juntas; se planificarán unas secuencias y, sobre todo, se intentará que el acto exprese en todo momento la importancia de la empresa y la dignidad que se confiere a la persona que a partir de ese momento asumirá una gran importancia en su dirección: a mayor importancia de a empresa, mayor cuidado de sus ceremonias. Juntas generales: la complejidad en su organización aumenta según sea el número de asistentes, a los que hay que situar, aportar la documentación y cuidar de que durante la reunión dispongan de todos los servicios necesarios. Otras cuestiones en las que se deben aplicar criterios protocolarios son: ¿en qué orden se coloca a los órganos de dirección? ¿cuál es el correcto para las intervenciones? ¿son necesarias personas auxiliares? ¿cuándo se deben colocar banderas oficiales? ¿cuál es el lugar apropiado para las enseñas de la empresa? Reuniones de trabajo: la mayoría de las empresas disponen de una sala acondicionada para celebrar estas reuniones, en las que conviene aplicar también el protocolo correspondiente, que nos puede señalar el lugar en el que sentar al presidente de la empresa, las personas que deben estar situadas a su derecha e izquierda, la colocación respecto a la puerta de entrada y las ventanas, los turnos de participación, la forma de acudir vestidos a estas reuniones.. En cuanto a los actos externos, adquieren, si cabe, mayor complejidad, pues dependen de relaciones con otras empresas o instituciones.
Viajes comerciales: En la actualidad son frecuentes (y necesarias) las expediciones comerciales a países extranjeros, cuyas costumbres y normas son muy diferentes a las nacionales. En estos casos, es fundamental conocer de antemano los ritos y costumbres que siguen en sus negociaciones comerciales y empresariales: tipo de saludo, vestuario adecuado, agasajos en los negocios, ritmo en la negociación, temas, alimentos o colores prohibidos, cuestiones religiosas... !cuántas negociaciones han fracasado por un desconocimiento de las cultura del interlocutor empresarial! Visitas de delegaciones: Una empresa que recibe la visita de una delegación debe saber agasajarla convenientemente, como bien explica Don José Antonio de Urbina. Recibirles en el aeropuerto, poner un coche a su disposición, buscar un alojamiento adecuado: tratarles bien, pues el objetivo es finalizar el proceso de negociación con éxito. En este caso, son muchas las cuestiones a tratar: ¿se entregará algún obsequio y de qué tipo? ¿son apropiados los regalos de empresa con el logo incorporado? ¿cuándo proceden los programas sociales (ocio, cultura, diversión, gastronomía)? ¿quién paga en el restaurante? Programa de relaciones públicas: Toda empresa (pequeña, mediana y por supuesto, grande) debe diseñar un programa de relaciones públicas a su medida, enfocado a promocionar su producto o servicio a la sociedad. Además de las ya tradicionales exhibiones comerciales, se pueden programar visitas para grupos, a través de las que se muestren las fases de producción, se dé a conocer el entorno en el que nace el producto, se haga una degustación o demostración ante los visitantes: todo con el fín de que éstos adquieran confianza y se conviertan en clientes. Montaje y desarrollo de ceremonias: Descubrimiento de placa, corte de cinta, colocación de primera piedra... son ceremonias protocolarias tradicionales. Pero su montaje reviste, si no dificultad, si una cierta preparación y conocimiento de técnicas, que respondan a preguntas como ¿procede la invitación a autoridades oficiales? ¿qué tratamiento se debe utilizar? ¿cómo se elaboran las intervenciones? ¿cómo se convoca a los medios para que el acto no se olvide el mismo día de su celebración? ¿qué fecha se escoge y cómo se redactan las invitaciones? Efectivamente, son muchos los temas a trabajar desde el punto de vista del protocolo empresarial. Además, queda claro como una empresa que trabaje bien estas cuestiones ofrecerá una imagen más digna, adecuada y profesional a las instituciones, a los medios de comunicación y, sobre todo, a sus clientes, que como todas las gentes de empresa saben muy bien, acaban escogiendo el mejor producto. Muchas empresas ofrecen un buen producto, pero de entre todas ellas, siempre sobresale la que logra “comunicar mejor”, la que ofrece el mensaje adecuado y la que muestra una imagen digna y correcta, cuestiones para las que resulta imprescindible un departamento de protocolo o, en su defecto, el recurso a un profesional que asesore convenientemente sobre estas cuestiones. El protocolo aplicado a la empresa queda, así, conceptuado como una “comunicación empresarial”, enfocada a la relación con las autoridades, la imagen de la empresa y la atención al cliente.